Del Espíritu Santo al Pópulo, o lo que es igual: de Triana al Arenal, cruzando el rio. Ahí estuvo el origen azaroso de una hermandad que habían fundado los gitanos. Siempre hubo prejuicios en torno a esta raza. Y, pese a todo, Triana como en el Pópulo, o luego en San Esteban, en San Nicolás y en San Román, hubo un núcleo de amor y espiritualidad en torno al Señor de la Salud. Esta imagen fue una de las que más devoción desepertaba en Sevilla. Ellos, que no tenían nada, gente más pobre, poseían a la vez lo mejor: la fe indestructible en el Señor de la Salud. Es todo un símbolo que el Pópulo, de donde salió por primera vez, fuera luego la cárcel. Y es todo un símbolo que privaran a los pobres gitanos de Aquel a quien más querían. Quemaron la imagen, pero no ardió la fe y hoy Sevilla le sigue rezando al Señor de los Gitanos.
Tras los avatares de la guerra civil, que esta cofradía sufrió singularmente en su patrimonio artístico e imágenes, la actual efigie del Señor de la Salud fue realizada por José Fernández Andes, que se inspiró en la anterior. Fue bendecido en la mañana del Domingo de Ramos de 1.938. El Señor tiene una gran devoción, como ya ocurriera en tiempos pasados. Son muchos los gitanos que acuden a Sevilla para estar a su lado en la madrugada del Viernes Santo. Desde 1.979 Jesús de la Salud va en un mágnifico paso, que talló Antonio Martín Fernández.
La Hermandad de los Gitanos aglutinó a personas de esta raza, tambien llamados por entonces castellanos nuevos o egipcianos. Los orígenes de la cofradía estuvieron en Triana, donde se le aprobaron las primeras reglas en 1.753. Se establecieron en el convento del Espíritu Santo y pretendían hacer estación a Santa Ana, como las demás del barrio. Sin embargo, a poco de fundarse, tuvieron que irse de este convento, donde había regresado las Tres Caidas, y se establecieron en el templo agustino del Pópulo, en el Arenal, al otro lado del río. Desde allí harían su primera estación, a la Catedral, en 1.759.


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