Ya en el siglo XVIII, la llegada de la dinastía borbónica con Felipe V trajo el gusto por lo francés en las artes. Este cambio ya es visible en la afición por los temas alegóricos y los retratos del 1er duque de Berwick, Jacobo Fitz-James Stuart. Más tarde, con la unión de los Berwick y los Alba, el patrimonio de la Casa se enriqueció con nuevas obras que reflejan un cambio de gustos estéticos en la colección. La incorporación de obras neoclásicas, los encargos a Antonio Rafael Mengs, o la relación de musa y mecenas entre Goya y la duquesa María del Pilar Teresa Cayetana de Silva (1.762-1.802), 13ª duquesa de Alba, evidencian esta apuesta por las novedades artísticas. La duquesa había heredado de su abuelo importantes cuadros entre los que destacan obras como la Venus del Espejo, de Velázquez, la Madonna de la Casa de Alba, de Rafael, o la escuela del amor, de Correggio, pero desafortunadamente hoy se encuentran en museos extranjeros al regalarlos la duquesa a Manuel Godoy.
La duquesa Teresa Cayetana murió sin descendencia y el título de 14ª duque de Alba pasó a su sobrino Carlos Miguel (1.754-1.835), 7º duque de Berwick, cuya actividad de mecenas y coleccionista, realizada fundamentalmente en su grand tour por Italia, incrementó la presencia de pinturas italianas y holandesas, pero también la de esculturas y antiguedades que se conservan en el Palacio de Liria.
Con el 17º duque de Alba (1.878-1.953), padre de la actual duquesa, el patrimonio familiar se ve de nuevo enriquecido por su acertada labor, guiada fundamentalmente por la idea de ir completando la colección y ampliar en ella la representación de retratos de sus antepasados. Finalmente, con doña Cayetana Fitz-James Stuart y Silva el legado familiar se ha visto incrementado con autores del siglo XIX, como los franceses Corot, Fantin-Latour o los españoles Julio Romero y Esquivel, o más recientemente Marc Chagall, Picasso y Miró.


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