A través de una selección de cuarenta obras se expone el valioso patrimonio artístico que la Casa de Alba ha reunido durante siglos, fruto del afán coleccionista de sus miembros y de un complejo entramado de herencias. Este patrimonio se guarda fundamentalmente en sus tres edificios palaciegos más importantes, el Palacio de Liria en Madrid, donde se conserva lo más destacado del mismo. el de Monterrey en Salamanca y el de Dueñas en Sevilla. Contemplar estas colecciones constituye un apasionante recorrido por la memoria de una familia cuya historia ha corrido paralela en gran medida a los acontecimientos más relevantes de la historia de España.
La historia de la colección se inició con Fernando Álvarez de Toledo (1.508-1.582), tercer duque de Alba. Aunque fundamentalmente recordado por su decisiva actividad como militar y político durante el reinado de Felipe II, a su paso por Nápoles puso de manifiesto un interés por el arte italiano que será una de las constantes que caracterizarán la historia y el contenido de la colección. El patrimonio de la Casa se incrementó a finalesdel siglo XVII gracias al enlace de Francisco Álvarez de Toledo, 10º duque de Alba, con Catalina de Haro y Guzmán, 8ª condesa de Monterrey y 8ª marquesa del Carpio. Parte de la colección de Monterrey había sido heredada por Luís Méndez de Haro, marqués del Carpio, quien la engrandeció tanto en número como en calidad, y después por su hijo, Gaspar de Haro y Guzmán, 7º marqués del Carpio, figura capital del coleccionismo en la Edad Moderna en España.

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