LA VIDA DE UN HERVENSE NACIDO EN SEVILLA.

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viernes, 20 de noviembre de 2009

CARTA DE ANTONIO BURGOS A MI TIO ANGEL SALAS HERNANDEZ

EL MERIDIANO DE HUEVAR

Este verano, tras las vacaciones, le traje de recuerdo de Suiza un reloj a don Angel Salas Hernández, un caballero huevereño que para mí es doblemente Angel, pues lo es de mi guarda. Y no sabía yo que don Angel, a su vez, me iba a regalar a mí, sin saberlo siquiera él, otro reloj. Un reloj no suizo ni de Tánger, sino intangible. Un reloj mucho mejor que aquel con la bandera de la cruz blanca en su esfera que le traje desde los mismísimos Alpes helvéticos. Porque, sin él saberlo, cuando como fervoroso cofrade de la Sangre y la Vera+Cruz me invitó a la romería de la Virgen, don Angel Salas me regaló el mejor, más mágico de los relojes. Un reloj que no marca el tiempo que vivimos, sino el que evocamos. Era como el reloj de un bolero, pero echándonos cuenta: un reloj al que le decimos que no nos marque las horas, y no nos las marca.


Porque llegué al abierto ruedo de la carreta del Simpecado de la Virgen de la Sangre y a las carriolas y remolques de los huevereños y me pareció, de golpe, que los almanaques habían pasado al revés y que el reloj daba marcha atrás en la romería de Huévar. Ante tanta espontaneidad, tanta verdad, tanta hospitalidad de los huevereños, me pareció no que estaba en la romería de la Virgen de la Sangre, sino que había vuelto a un antiguo Rocío, color sepia de los años 60, cuando no había ni carreta que llevara hasta la ermita de la Blanca Paloma. Descubrí en la romería un tesoro: el que en las ciudades se ha perdido, el que en las fiestas masificadas y televisadas ya no se encuentra. El tesoro de la autenticidad. En la romería de Huévar todo es lo que parece y todo parece lo que es, sin falsedades, sin prisas. Amistad, familia, respeto... Valores que se van perdiendo. Los encontré en Pepa la Choriza cuando me daba el tesoro de contarme las historias de su vida y de convidarme a sus inigualables bistés empanados. Los encontré en la hospitalidad en forma de olla de caldereta de aquel viejo huevereño al que por poco hasta le compramos una mula para el charré de Enrique mi cuñado. Los encontré en la alegría de Matías viendo mi contento ante tantos corazones sin tapujos y sin la menor tontería. En las voces de las guitarras de las sevillanas en honor de la Virgen de la Sangre.


Por eso, estimado don Angel Salas, ahora diputado mayor de gobierno de la hermandad: muchas gracias por haberme llevado, con los suyos y como uno de los suyos, a Huévar. Y que María Santísima de la Sangre le pida a su Hijo el Cristo de la Vera+Cruz que nos conceda volver muchas veces a encontrar el tiempo de la verdad, perdido en tantas partes y que yo encontré en el meridiano de Húevar.

Firmado: ANTONIO BURGOS. Febrero-2.002.


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