Cuando naces, te recreas en el regazo de tu madre, aquella que siempre esta ahí cuando lo necesitas y, suceda lo que suceda, no te abandonará nunca. Pasa el tiempo y ves que es así. Conoces a la gente que te rodea y muchas veces creerás que te solucionará los problemas, pero no es así; como siempre, ahí estará ella para amparar tus melancolías y para darte un beso en la frente cuando te eches en sus brazos.
El padre mantiene una postura más seria, aunque a veces los roles cambien, se mantiene tambien en su lugar hasta que llega el momento de darte un cariño. Pero cuando vuelvas la cara, ya se le ha pasado y vuelve a ser igual de serio como lo ves siempre. De todos modos, él siente igual y lucha porque llegues lo más altgo que puedas.
¿Y los hermanos? Esos amigos incondicionales que no te abandonan. Con ellos tienes la mayor de las confianzas y piensas que se irán pero no es así, todos los días piensan en ti y tú en ellos, porque por tus venas corre la misma sangre. Y son los primeros que a pesar de que tus decisiones no sean las correctas, te ayudarán a cambiarlas.
Desde aquí quiero hacer un llamamiento a la sociedad actual, para que se mantenga la relación familiar como siempre lo fue. Hagamos que el consumismo no sea la base de problemas familiares y en tiempo de crisis, entiendan que en el mundo existen muchas cosas más... pero nada como una familia unida.
domingo, 5 de julio de 2009
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