Y tú Virgen de la Sangre, de este pueblo que te implora danos tu favor constante en el dolor y en los pesares.
Madre de la Sangre, danos la salud; que no existe vida donde no estas tú.
Cuando Jesús agonizaba en la cumbre del Calvario a su madre nos dejaba como eterno relicario.
Y desde entonces, María, al pie de la Santa Cruz, es la Madre que nos guía a la heredad de Jesús.
Madre de la Sangre, danos la Salud; que no existe vida, donde no estes tú.

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