
Hacía unos dos años que no me sentaba en aquel lugar, setecientos treinta y seis dias que no confesaba los errores, un puñado de horas de las que no se puede contar, pero todo parecía volver como si nadie hubiera movido un ápice de lo que allí encontré. Los amigos se suelen elegir, pero no hay nada como volver al café con un par de primaveras de más y mirar atrás pensando que estuviste allí ayer.
Nada cambia, ni el olor ni el sabor, ni el apretón de manos, ni lo que te contaba, ni lo que nos contamos, ni las novedades, hoy a vuelto a ser ayer, que bello es vivir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario