Dedicado a mi abuelo Francisco que como cada Sabado Santo tenemos en la memoria.
Hay un balcón en el cielo
donde se asoma mi abuelo
y ve pasar a sus nietos
el Sabado Santo en la tarde,
pues casi todos son soleanos
desde el más chico al más grande.
Y al frente de la cuadrilla,
que no son más que chavales
mostrándoles el camino
para ser buenos cofrades,
el capataz emocionado
diciéndoles "menos paso le cabe",
que Francisco no se ha ido
que un año más,
quiere verte en la calle.
No te preocupes abuelo,
porque herencia ya dejaste,
pués ya me casé y pronto voy a ser madre
e intentaré enseñarle a ser buen soleano
como tú a mí me enseñaste.
Y la Soledad gozosa
con el corazón vibrante,
desde su paso de plata
y viendo ese coro de ángeles,
sonríe mirando al cielo
hacia el balcón de mi abuelo.
...A mi abuelo, y a todos los abuelos que están en la gloria
Escrito por Amalia Rosado Salas.

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