Mi infancia son recuerdos del Señor de Sevilla
y la voz de una saeta entre los naranjos del museo,
mi juventud, treinta y pico años delante del palio de
las Aguas, mi madurez folios en blanco que, con la venia
de la lluvia quiero escribir.
Al andar se hace camino y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar,
pero todo lo perdemos y todo nos perderá,
A preguntas sin respuesta, ¿Quién me podrá responder?
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